
MARCELO PERETTI es, sin discusión, el gran refuerzo que Rivadavia dejó pasar en este mercado.
Tenía la voluntad, tenía una billetera generosa —dispuesta, pero jamás ostentosa— y, sobre todo, tenía una idea clara.
Llegaba desde un segundo plano, sin ambiciones presidencialistas, sin especulaciones de poder, sin el menor interés en candidaturas políticas. Nada de eso. Cero protagonismo. Perfil bajo absoluto.
Guardia alta, sí. Pero para otra cosa: para armar un equipo con pretensiones reales de campeonar, sin personalismos, sin egos desbordados y sin la necesidad de figurar.
El hombre estaba en condiciones de duplicar, incluso triplicar, el presupuesto originalmente previsto. De irrumpir con fuerza en un mercado que ya empezaba a mostrar signos de agotamiento porque varios clubes se habían movido rápido. Advertido de ese contexto, pensaba mirar hacia afuera, traer futbolistas de otras ligas, romper la inercia.
Pero no pudo ser.
“Porque no podemos entregarle el club”, fue una de las frases que sobrevoló una reunión ocurrida hace apenas una semana. Un encuentro áspero, con rispideces, palabras encendidas, chispazos inevitables y miradas tensas. De esas mesas donde nadie se va igual que como llegó.
Cuentan que los “ismos”, tan propios del ADN político, no estuvieron ausentes. Que hubo momentos que parecían irreconciliables y que, con el correr de las horas, la espuma empezó a bajar… como casi siempre aunque sin poder ocultar que a veces el ego pesa más que la pelota.
¿Y después? Lo de manual. Que no fue para tanto. Que se exagera. Que se inventan cosas. Que estamos más unidos que nunca. Que se hará la Asamblea.
¿Y Silder Bosio será reelecto? No. Todo indica que la conducción pasará a manos de la familia Rivera: Germán, acompañado por Francisco —su hijo— o al revés.
¿Y Bosio? Bueno… en este Rivadavia donde la política siempre se da una vuelta, el club tendrá un nuevo comando de poder.
¿Golpe de Estado futbolístico? ¿Un tsunami? No, no exageremos. Apenas una brisa suave, pero persistente, que se llevó puesto nada menos que a un presidente, y a un entrenador reconocido como Martín Conti, reacomodó nombres, empujó a algunos hacia otras funciones y le cerró la puerta a un empresario ganadero de peso. No a un “paracaidista” al estilo Foster Gillett, sino alguien de pura cepa verde, que volverá tranquilo a contar animales y sumar billetes del mismo color.
Esto fue lo acontecido.
Nimiedades, nada de que preocuparse.
Esta historia tendrá aclaraciones, versiones cruzadas y relatos distintos. Como todas.
Pero nada de esto falta a la verdad. Es tan cierto como que MARCELO PERETTI fue el gran refuerzo que Rivadavia se perdió en este mercado de pases y que un presidente y un DT ya no estarán en funciones.
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