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ALEJANDRA JASKOWSKY: EL ÚLTIMO VUELO DE LA PIBA DE LA JABALINA

Por Alberto Arce (p)

Hay personas que llegan al deporte después de buscarlo durante años.

Otras, en cambio, parecen haber sido elegidas por él.

María Alejandra Jaskowsky perteneció a estas últimas.

A mediados de la década del setenta, cuando apenas era una niña, la destacada velocista Belkis Fava la vio lanzar una piedra. En aquel gesto espontáneo, quizás insignificante para cualquier otra mirada, descubrió algo extraordinario. La llevó ante su entrenador, Guillermo Evans, y Alejandra volvió a lanzar.

Al día siguiente ya tenía una jabalina entre sus manos.

Le enseñaron cómo sostenerla, cómo iniciar la carrera y cómo convertir la fuerza del cuerpo en un vuelo. En su primer lanzamiento estableció el récord provincial de la categoría menores.

Así, de manera tan sencilla como maravillosa, comenzó su historia deportiva.

La niña que había lanzado una piedra casi como un juego se transformó en una de las grandes exponentes de una generación inolvidable. Compitió en campeonatos provinciales y nacionales; representó al país en torneos sudamericanos y llegó hasta un Panamericano disputado en México.

La jabalina fue su primera compañera. Con ella conoció la exigencia de los entrenamientos, el silencio anterior a cada lanzamiento, la emoción de representar a su tierra y la alegría de subir, una y otra vez, al podio.

Alejandra integró aquella extraordinaria camada de atletas de las décadas del setenta y del ochenta que convirtió cada pista en un escenario de esfuerzo, superación y orgullo. Fue protagonista de una época en la que los logros se construían con enorme sacrificio, disciplina silenciosa y un amor inmenso por el deporte.

La muerte de Guillermo Evans, ocurrida en 1981, marcó profundamente su vida. Se había ido el entrenador que descubrió su talento, el maestro que supo ver una campeona detrás del gesto natural de una niña.

Después el destino se llevó a otro gran referente Guillermo Roldán y la piba lloró profundamente porque el veterano atleta la ayudaba, la escuchaba, la comprendía.

Pero Alejandra no abandonó el movimiento ni la pasión por superarse. Buscó otros caminos y volvió a destacarse. Incursionó en el ciclismo y más tarde en el triatlón, demostrando que su verdadera condición no dependía de una disciplina: era una atleta en el sentido más profundo de la palabra.

Tenía esa fortaleza que no siempre se puede medir con marcas, tiempos o distancias. La fortaleza de quien acepta nuevos desafíos, vuelve a comenzar y lleva consigo la voluntad de llegar un poco más lejos.

Hoy despedimos a Alejandra Jaskowsky, nacida el 13 de mayo de 1963. Pero también despedimos una parte entrañable de aquella época dorada de nuestro atletismo. Con ella se marcha una protagonista de jornadas memorables, una frecuente visitante de los podios.

Quedan sus actuaciones, sus viajes, sus triunfos y aquella imagen fundacional de una niña lanzando una piedra sin imaginar que, en realidad, estaba señalando su propio destino.

Quedan quienes compartieron con ella las pistas, las rutas, los entrenamientos y los sueños. Queda el recuerdo de una deportista de una generación que hizo del esfuerzo una bandera.

Alejandra realizó hoy su último lanzamiento.

La jabalina ya no regresará a la tierra. Esta vez continuará su vuelo más allá de nuestras miradas, hacia ese lugar eterno reservado para quienes dejaron una huella que ni el tiempo ni la muerte podrán borrar.

Hasta siempre, Alejandra.

 

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