

Una tribuna se llena cuando…
Un equipo ilusiona a sus hinchas.
Esos hinchas intuyen que algo grande puede suceder.
La familia entiende que esto debe ser compartido y se suma.
Encuentra una causa de rebeldía por algo que considera injusto.
Las entradas tienen un costo accesible.
Desde adentro (equipo) hay señales o indicadores que «este año puede ser».
Y desde afuera se percibe que se respira que una mística está en proceso de recuperación.
La dirigencia entendió que el momento de hacerse cargo de la conducción había llegado.
Todo esto es tan real en materia de sensaciones como las que brotan desde la misma tierra compartida, pero de una vereda opuesta como si fuese un territorio diferente e indican que…
No está dicha la última palabra, porque se puede revertir, si al fin de cuentas nos hicimos un gol y sufrimos una expulsión que nos complicó.
Pensamos que en nuestra cancha podríamos cambiar la historia, aunque si tenemos que salir no hay problemas, nos gustan las difíciles.
Tenemos que corregir algunos aspectos, pero no hay dos partidos iguales y la semana que se viene estará llena de buenas vibras.
Ahora seremos nosotros los que pintaremos todo de verde esperanza porque estamos convencidos que la revancha será diferente.
Colón – Rivadavia viviendo en medio de un clima futbolero recuperado. Con los dos clubes compartiendo y transitando un protagonismo que había quedado algo postergado en los últimos años. Todo lo escrito no se puede ver, ni tocar. Pero ello no significa que no exista. ¡Cómo no va a existir si todos sienten lo mismo y desde hace una semana no hablan de otra cosa!
Buenos tiempos para que la gente se olvide, al menos por unas horas, de una cotidianeidad compleja, asfixiante y lacerante.
El fútbol es para mucha gente una de las pocas alegrías de la semana.
Arroyo Cabral tiene el mejor julio de los últimos tiempos. ¿La pasión? No se toma vacaciones.


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