Atravesamos días difíciles.
Tiempos en los que los meses parecen cada vez más largos, el dinero alcanza cada vez menos y el frío de un nuevo invierno amenaza con llegar con toda su crudeza e impiedad.
Son jornadas en las que las preocupaciones cotidianas pesan. En las que muchas familias hacen cuentas una y otra vez para llegar a fin de mes. En las que el Mundial, con su organización tripartita y su desfile de selecciones, ofrece una pausa. Un respiro.
Una excusa para distraerse durante noventa minutos y volver a creer, aunque sea por un rato, en la magia de un juego capaz de arrancar sonrisas que no modifican la realidad, pero ayudan a sobrellevarla.
Sin embargo, mientras las pantallas muestran goles y celebraciones lejanas, aquí, en nuestra región, también suceden acontecimientos importantes. Situaciones que merecen ser observadas porque hablan del futuro.
En las últimas horas, el Gobierno local (gestión de Eduardo Accastello) concretó la inauguración del predio que será la nueva casa de San Lorenzo y Deportivo Las Playas. Antes había colaborado para que River del Algarrobo pudiera contar con su propio campo de juego. Y la gestión continúa para que Unión Central, después de 118 años de historia, pueda finalmente tener su cancha.
Un proyecto que además beneficiará a Tallerito, Alianza y CIEF, estas dos últimas instituciones dedicadas al handball.
Detrás de cada cancha que nace no hay solamente césped, alambrados o tribunas. Hay niños, adolescentes y jóvenes que encuentran un lugar donde reunirse, aprender valores, construir amistades y sentirse parte de algo más grande que ellos mismos.
A pocos kilómetros, en Tío Pujio, el cooperativismo vuelve a demostrar que cuando se organiza puede transformar los sueños en realidades concretas. La Cooperativa de Servicios Públicos, Vivienda y Crédito Tío Pujio Ltda., presidida por Darío Ranco, ejecuta con fondos propios el Parque de los Deportes, una obra de casi 14.000 metros cuadrados que incluirá cuatro naves cubiertas para la práctica de múltiples disciplinas, dos gimnasios, canchas de tenis, una posada y espacios destinados al encuentro y al desarrollo humano.
Pero quizá lo más conmovedor no esté solamente en el hormigón, en el acero o en los metros cuadrados construidos.
Está en las personas.
Está en las camisetas de la Selección Argentina que la Cooperativa viene entregando a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, estudiantes adultos, jubilados, pensionados y personas en situación de vulnerabilidad. Está en esa imagen maravillosa de un pueblo entero vestido de celeste y blanco en un día de partido. Una postal sencilla y profunda que habla de identidad, de pertenencia y de la necesidad humana de sentirse parte de una comunidad.
¿Es política?
Sí, claro que lo es.
Como lo es toda acción que busca transformar la realidad. Como lo es toda idea que deja de ser un discurso para convertirse en una obra, en un proyecto, en una respuesta concreta. Es política deportiva, gestión pública, cooperativismo, solidaridad, inclusión y empatía. Es la política entendida en su mejor versión: la que construye.
Y mientras en distintos rincones del país cierran fábricas y pymes, mientras cientos de trabajadores pierden sus empleos, mientras millones de jubilados observan con preocupación el deterioro de un sistema de salud que parece no encontrar respuestas, por estas tierras todavía aparecen señales esperanzadoras.
Nacen clubes. Crecen instituciones. Se multiplican las actividades deportivas. Se construyen canchas, predios y parques. Más de treinta clubes integran hoy la Liga Villamariense de Fútbol. La Liga de Baby Fútbol sigue expandiéndose. El deporte social reúne a centenares de equipos y miles de personas cada fin de semana.
Y quizás allí esté la verdadera noticia.
Cuando una comunidad sigue apostando por sus clubes, por sus jóvenes, por el deporte y por los espacios de encuentro, está haciendo mucho más que levantar edificios o inaugurar predios.
Está construyendo futuro.
Y en tiempos donde abundan las malas noticias, donde la incertidumbre parece ganar terreno y donde muchas veces resulta difícil encontrar motivos para creer, contemplar una cancha nueva, un gimnasio en marcha o un niño estrenando una camiseta argentina significa mucho más de lo que parece.
Significa que todavía hay quienes eligen sembrar cuando otros sólo hablan de la tormenta.
Significa que aún existen personas e instituciones capaces de pensar en los demás antes que en sí mismas.
Significa que, pese a todo, la esperanza sigue encontrando lugares donde echar raíces.
Y mientras eso ocurra, mientras haya una pelota rodando, un club abriendo sus puertas, una obra creciendo y una comunidad dispuesta a unirse detrás de un sueño colectivo, habrá razones para mirar hacia adelante.
Porque los pueblos no se construyen solamente con recursos.
Se construyen con convicciones.
Y las convicciones, cuando se transforman en hechos, tienen la maravillosa capacidad de iluminar y entibiar incluso los inviernos más fríos.
00


