HAY VIAJES QUE EMPIEZAN MUCHO ANTES DE PARTIR
Hay torneos que se juegan porque están en el calendario.
Y hay otros que se juegan porque están metidos en el corazón.
Para Alumni, el Regional pertenece a los segundos.
Quizás por eso este regreso, después de un año de ausencia, tenga algo distinto.
Algo que excede a los refuerzos, la lista de buena fe, los entrenamientos, las camisetas preparadas y el resultado del domingo.
Alumni vuelve a un lugar donde alguna vez fue muy feliz.
Y volver a los lugares donde uno fue feliz siempre moviliza.
Porque aparecen los recuerdos.
Las tribunas.
Los viajes.
Las caravanas.
Las tardes interminables de fútbol.
Los nombres de quienes alguna vez vistieron esa camiseta.
Los que estuvieron adentro de la cancha y aquellos que hicieron kilómetros para estar detrás de un alambrado.
Las victorias que todavía se cuentan.
Las derrotas que todavía duelen.
Los abrazos.
Los silencios.
Y esa vieja costumbre de mirar el fixture y empezar a imaginar hasta dónde se podía llegar.
Alumni vuelve al Regional.
Al torneo que probablemente mejor juega porque es, también, el torneo que más le gusta jugar.
Lo quieren sus futbolistas.
Lo quiere su hincha.
Lo espera su gente.
Pero este regreso ocurre en un tiempo diferente.
CUANDO IR A LA CANCHA TAMBIÉN ES UN ESFUERZO
No tendría sentido esconder la realidad detrás de una pelota.
La economía golpea.
Hay familias que hacen cuentas para llegar a fin de mes y gente que alguna vez acompañó todos los domingos y que hoy debe elegir dónde poner cada peso.
Por eso sería injusto imaginar multitudes solamente porque vuelve el Regional.
Los tiempos cambiaron.
Hoy comprar una entrada representa un esfuerzo. Viajar cuesta. Comer afuera cuesta. Llevar a la familia cuesta.
Y el fútbol no vive en una burbuja.
Alumni sabe que su desafío más importante no empieza cuando el árbitro Jonathan Rodríguez Leiría haga sonar el silbato.
Empieza antes.
Alumni tiene que volver a enamorar a su gente.
Tiene que convencerla de regresar.
Tiene que darle una razón.
Tiene que hacerle sentir que vale la pena volver a caminar hacia Plaza Ocampo, reencontrarse con los amigos, buscar el lugar de siempre y mirar otra vez esas camisetas corriendo detrás de un sueño.
No será sencillo.
Porque las distancias también enfrían sentimientos.
Las ausencias generan costumbres.
Y cuando alguien deja de ir durante algún tiempo, volver a convocarlo requiere algo más que anunciar un partido.
Hay que tocarle el corazón.
EL PARTIDO MÁS DIFÍCIL
Alumni tiene pocos dirigentes y demasiadas responsabilidades.
Y allí aparece probablemente su partido más importante.
No será contra Silvio Pellico.
Ni contra el próximo rival.
Ni siquiera contra aquellos que aparezcan si consigue avanzar.
El partido más difícil será contra la indiferencia.
Contra la distancia.
Contra ese peligroso acostumbramiento de quienes alguna vez estuvieron cerca y dejaron de estarlo.
Alumni necesita recuperar a Alumni.
Necesita reencontrarse con su gente, pero también consigo mismo.
Con aquella identidad que lo llevó tantas veces a mirar más allá de los límites de la Liga Villamariense.
Su historia también genera obligaciones.
Los títulos conseguidos.
Las campañas.
Los Regionales.
Las apuestas.
Los sueños.
Todo construyó una vara.
Y cuanto más grande es la historia, mayor es la responsabilidad de quienes circunstancialmente tienen que administrarla.
Por eso elegir bien es trascendental:
Futbolistas.
Cuerpo técnico.
Colaboradores.
Dirigentes.
Sponsors.
Comunicación.
Marketing.
Apoyo estatal.
Pero, fundamentalmente, se trata de elegir un rumbo. No alcanza con volver al Regional. Hay que saber qué hacer con ese regreso.
NO HAY FUTURO SIN MEMORIA
A veces, cuando comienza un nuevo proyecto, existe la tentación de creer que todo empieza hoy.
No es así.
Nunca empieza todo de nuevo.
Siempre hay alguien que estuvo antes.
Siempre hubo alguien que abrió una puerta, vendió una entrada, consiguió un sponsor, lavó una camiseta, manejó un auto durante cientos de kilómetros, puso dinero de su bolsillo, marcó una cancha, alcanzó una botella de agua o simplemente estuvo detrás de un alambrado alentando.
Los clubes están hechos de esas pequeñas historias.
Algunas tienen fotografías.
Otras quedaron solamente en la memoria.
Pero todas cuentan.
Por eso Alumni deberá mirar hacia adelante sin olvidar hacia atrás.
Porque allí están sus raíces.
Lo nuevo puede despertar ilusión.
Puede seducir.
Puede sorprender.
Pero las certezas se construyen aprendiendo de lo vivido.
Alumni tiene una historia demasiado rica como para ignorarla y un futuro demasiado importante como para vivir solamente de ella.
Ese equilibrio será fundamental.
Recordar sin quedarse atrapado en el recuerdo.
Cambiar sin perder la identidad.
Crecer sin olvidar de dónde se viene.
Y DEL OTRO LADO ESTARÁ SILVIO PELLICO
Su historia es completamente diferente.
No vuelve.
Llega.
Y existe una enorme belleza en esa diferencia.
Para Silvio Pellico este Regional representa la aventura de lo desconocido.
La posibilidad de mirar hacia adelante y no saber exactamente qué habrá después de la próxima curva.
Es un desafío enorme.
Tal vez demasiado grande para sostenerlo indefinidamente en estos tiempos.
Porque la realidad económica también existe allí.
Y probablemente pretender transformar inmediatamente esta participación en una obligación permanente sería cargar sobre el club un peso innecesario.
Silvio Pellico debería permitirse otra cosa.
Disfrutar.
Disfrutar muchísimo.
Disfrutar cada entrenamiento.
Cada camiseta.
Cada viaje.
Cada charla previa.
Cada nervio.
Cada abrazo.
Cada partido.
Cada persona que se acerque.
Cada niño que mire a sus jugadores y empiece a imaginar que algún día puede estar allí.
Porque seguramente llegará un momento, dentro de muchos años, en que alguien abrirá una vieja fotografía y preguntará:
—¿Quiénes son estos?
Y otro responderá:
—Son los que jugaron aquel Regional.
Entonces todo habrá valido la pena.
APRENDER TAMBIÉN ES GANAR
Silvio Pellico tiene delante una oportunidad extraordinaria.
No solamente para competir.
También para aprender.
Para descubrir qué significa jugar en otro nivel, cuáles son las exigencias, cuánto cuesta, qué estructura se necesita y qué cosas deberán hacerse mejor si algún día aparece nuevamente una oportunidad semejante.
Tal vez el gran resultado de esta experiencia no pueda encontrarse en ninguna tabla.
Quizás aparezca dentro de algunos años.
En una institución más preparada.
En dirigentes con mayor experiencia.
En jóvenes que hayan visto aquel equipo y hayan decidido jugar al fútbol.
En una estructura que conserve enseñanzas de estos meses.
Porque también se gana así.
Se gana aprendiendo.
UNO VUELVE. EL OTRO EMPIEZA.
Y entonces llegará el domingo.
La Plaza Ocampo abrirá nuevamente sus puertas.
Habrá camisetas rojas y blancas.
Habrá camisetas amarillas y negras.
Habrá dirigentes caminando nerviosos.
Jugadores intentando esconder la ansiedad.
Familias llegando.
Una radio encendida. Que siempre estuvo y acompañó.
Gente preguntando cómo van.
Otros siguiendo desde lejos.
Y durante algunos minutos, quizás durante un par de horas, las dificultades económicas, las preocupaciones y los problemas cotidianos quedarán estacionados afuera.
Porque adentro habrá fútbol.
Y habrá sueños.
Alumni y Silvio Pellico estarán frente a frente.
Pero estarán comenzando viajes completamente diferentes.
Alumni vuelve para reencontrarse.
Silvio Pellico llega para descubrirse.
Uno buscará recuperar una vieja costumbre.
El otro empezará a construir recuerdos.
Uno deberá convencer a su gente de que todavía vale la pena creer.
El otro tendrá que disfrutar cada segundo de algo que quizás jamás imaginó vivir.
Y cuando la pelota empiece a rodar ya no habrá presupuestos, antecedentes, obligaciones ni explicaciones.
Habrá once contra once.
Habrá nervios.
Habrá ilusiones.
Habrá fútbol.
Y detrás de cada camiseta habrá historias mucho más grandes que un resultado.
Porque los partidos terminan.
Los torneos terminan.
Los jugadores pasan.
Los dirigentes pasan.
Hasta las tribunas cambian.
Pero hay algo que permanece.
Queda aquella tarde a la que fuimos con nuestro padre.
Queda el primer partido al que llevamos a nuestro hijo.
Queda aquel gol que gritamos abrazados con alguien que quizás ya no está.
Queda el viaje.
Queda la radio.
Queda una camiseta guardada.
Queda una fotografía amarillenta.
Queda el recuerdo.
Eso también es un club.
Quizás sea, en realidad, lo más importante de un club.
Este domingo no empezará solamente un Regional.
Alumni regresará a buscar una parte de sí mismo.
Silvio Pellico comenzará a escribir una página que algún día será parte de su historia.
Uno vuelve.
El otro empieza.
Los dos sueñan.
Y mientras exista alguien dispuesto a ponerse una camiseta, alguien dispuesto a acompañarlo y alguien que todavía sienta que noventa minutos pueden convertirse en un recuerdo para toda la vida…
siempre habrá razones para volver a empezar.
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